Balsámico y anatema

...

“Ningún poder humano puede detener la voluntad del Cielo de ser afirmado”.

Excavando a través de la marca de Ezequiel y Marcos,
a través de los capítulos de Honorius,
Gilles, como en trance, arruinó las páginas y danzó,
reuniendo algo vanamente glorioso.

Marchó la más grave de todas sus noches,
la última y decrépita coyuntura del destino y la negatividad
apestó a muerte
y a penumbra de la luz del Estigio.

Cuando de repente el más débil susurro,
una cortina abierta en un pintado panorama
deslizó los rayos de la luna dentro de su sueño.

Balsámico y anatema.

Prelati, lleno de estrellas, de mágicas y extáticas estrellas
que brillaron, ninguna ruina procuró asentarse,
su ardiente omnipresencia silbó en el Cielo, evanescente,
él debió estar allí para frustrar la combustión de Fausto.

Las puertas fueron apreciadas, los fantasmales corceles
resoplaron, agitados para marcharse,
con poseídos ojos sobre la puerta, él gritó:
“vengan conmigo, ahora”.

Gilles frustró el pensamiento de la vida,
acusado y perseguido y anulado por morbosidad,
se entristeció su aliento
por aquellos destinados a su espada.

Entonces de repente el más extraño sentimiento,
uno que dejó a los ángeles temblando,
la expiación se arrastró de por medio.

Balsámico y anatema.

Prelati, lleno de estrellas, aquel raptor de su corazón
que le prometió horizontes sin dolor,
pero todas las grandes y diseñadas magias cantaron y el vino de medianoche
en un mundo de ensueño no pudo virar su objetivo.

Él se quedó y enfrentó a sus asesinos,
cardenales y actores de los tribunales,
mientras Prelati intentaba escapar antes
del puro y celeste amanecer.

Las puertas fueron abiertas, los fantasmales corceles
resoplaron, agitados para marcharse,
con poseídos ojos sobre la puerta, él volvió a gritar:
“vengan conmigo, ahora”.

Prelati, lleno de estrellas que intentaron empujarlo del baile,
invocando a su barón para funcionar,
pero como el demonio surgió en los dulces milagros de prosas,
la propaganda trajo una apropiada tormenta bíblica.

Iluminando, sonriendo, se congeló en este calvario de cuervos
y de las dispersadas cenizas emergió una sílfide,
la doncella Juana de Arco se arrastró más hermosa y oscura,
un paraíso, una cuna libre de inmundicia.

Ella fue casta más allá de todas las gracias,
el iluminado rostro de la fe,
más preciosa que el hechizo de Prelati,
una diosa en un sueño.

Mañana seguiremos el camino de Dios,
pero lo perderemos, lo mejoraremos y será por fin olvidado,
mañana seguiremos el camino de Dios,
pero lo perderemos, lo mejoraremos y será por fin olvidado.

Y temblando en su brazo,
sus ojos fueron mil salmos dorados
que brillaron como en una noche de navidad,
pero que el lloró como en una noche de Halloween.

El sostuvo la escena, el conmovedor destello
de paz y suprema serenidad,
cerca de su corazón, su beso de adiós,
él durmió para despertar luego libre de dicha.

Mañana seguiremos el camino de Dios,
pero lo perderemos, lo mejoraremos y será por fin olvidado,
mañana seguiremos el camino de Dios,
pero lo perderemos, lo mejoraremos y será por fin olvidado.

...

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