...
Nosotros, los nocturnos, regidos por otras leyes,
al servicio de los enemigos de Dios,
estamos ocultos y en silencio,
nuestro exquisito fuego aún arde.
Ata a un hombre a su dios
y no podrá caminar por el miedo
de caer en la tentación,
donde una vez la fe tuvo su sustento.
Renuncia a la culpa y enciende la flama,
echa a esa fétida virgen de regreso a donde vino
y bebe hasta el fondo de las promesas de mis ojos,
de niebla y cielos de medianoche.
Me ahogo en sueños incomprensibles
y en el apestoso fango de virtuosos gritos,
me muero de ganas de vender mis tantas almas.
Y tú no te decides
por ningún siniestro u oscuro,
algún día te levantarás para abrazar las artes.
Genera tu putrefacción
hasta que las piedras de mi corazón ya no se muevan,
a pesar del costo
de tu repugnante dios.
La última helada de mayo podría aniquilar las cosechas
y eso nunca será atribuido a los perros divinos o a la naturaleza,
sino a las tareas infernales.
Por tus maldiciones e imprecaciones,
tú, mala combinación entre hombre y bestia,
por cualquier capricho estarás sirviendo
al diablo que escogiste.
Ata la creencia a la trinidad
y 7 caminos se abrirán para condenarte,
conspirando para escoger los caminos paganos.
Tuerce sus mentiras, personifica sus necesidades,
la guerra comenzará según el decreto satánico,
si el mal somos, condenamos nuestras vidas
a la niebla y cielos de medianoche.
Vengaré la muerte de mil niños ardiendo.
Comprométete a un convenio con nosotros en nuestra horrorosa liga
y haz arrodillar a la multitud del Nazareno,
respira la vida de una entidad nunca nacida,
la oscuridad desciende en forma de cuervo.
Las palabras, las agujas ardientes,
vibran los hilos cósmicos,
Arturo es ascendido a reina,
la espera me llama.
Vierto mis heridos besos en tus pies,
violador de mis mundanos enemigos.
Licantropía, por favor envenéname,
haz que los instintos se arrastren por mi cerebro,
tómame como tu amante hasta que la perversión sea satisfecha,
oscuros y mágicos placeres se tejieron bajo una luna judía.
La vara castigadora desaparecerá,
cuando el usurpador sea colgado,
por el momento sólo nos congregamos
donde una vez mi ángel cantó.
Esa noche ellos vinieron y se la llevaron de mí,
perdí a la mujer que amaba y aprendí cómo maldecir
y escupir en el rostro de su maldito dios,
de su maldito dios.
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Tags:
Albums: Principio de maldad hecha carne
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