
... Aún, aún recuerdo la primera luna llena de mayo, debajo de cuyos rayos nos acostamos juntos. Y aquellas brillantes noches sobre una ola de cristal cuando debimos habernos fugado de todo, por los perversos vuelos del placer. Aquellas visiones se desvanecieron como fantasmas en el desfile de la vida, aunque las incisiones una vez la hayan hecho tan vívida. Una puta escarlata, con ambos pies en la puerta de un Cielo que me desgarró insípidamente. Y entre los retorcidos parapetos, ella se sentó allí donde los ángeles suspiraban solitariamente sobre sus labios, tan sólo un pecado por el cual ruego por ella. Y si pudiera besarla como a una crisálida para quebrarme, para hacer que mi corazón latiera de una vez. Y en aquellos congelados instantes me liberé de la pena que se arrastraba para retorcer al sol, en una caída tramada bajo un ala de muerte, gracias a Dios por el sufrimiento. El amor lo habría conquistado todo, salvo por la ruptura. Aquel antiguo plan para mi derrota, negados cielos de fe que la habrían liberado, pareció otra vez que los sueños habían sido capturados. Bailamos una vez bajo un iluminado vals, a través de una sombreada dimensión, entregada a los ríos que bendijeron sus ojos en un mundo extraviado a causa de su perdido ímpetu. Sin ninguna clase de divina intervención. A pesar de que el autor de aquel pecado fuera solamente yo, casto de odio en el abrazo de la fe, mientras los mortales luchaban por de más. Luchaban por la vida en sí misma. Y en aquellos congelados instantes me liberé de la pena que se arrastraba para retorcer al sol, en una caída tramada bajo un ala de muerte, gracias a Dios por el sufrimiento. Y gracias, Dios, por el sufrimiento. Y mientras aún arda por su regreso, haría la paz con todo. Aún, aún recuerdo, la primera luna llena de mayo, consignada a las llamas como las cartas secretas. Y entre los retorcidos parapetos, ella se sentó allí donde los ángeles suspiraban solitariamente sobre sus labios, tan sólo un pecado por el cual ruego por ella. Y si pudiera besarla como a una crisálida para quebrarme, para hacer que mi corazón latiera de una vez. Y en aquellos congelados instantes me liberé de la pena que se arrastraba para retorcer al sol, en una caída tramada bajo un ala de muerte, gracias a Dios por el sufrimiento. El amor lo habría conquistado todo, nunca nos separemos. Su astillada pérdida reavivó la furia, la helada del invierno disminuyó en este escenario, iluminado una vez más para marcar finales ya comenzados. El amor lo habría conquistado todo, el amor habría conquistado el odio, el odio, el odio, el odio. Gracias a Dios por el sufrimiento. ...
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